Capítulo tercero – Oscuro camino

Tras varias preguntas, algunas de ellas sin respuesta, y algunas indicaciones, no sin miedo concedidas, el cartero llegó a palacio y allí habló con los guardias:
“Vengo pedir audiencia con Rey” – se presentó-
“El Rey esta muy enfermo” -fue su respuesta- “y por qué iba a querer ver a alguien tan raro como vos en sus últimos días?”
“Decidle que traigo algo a nombre de Lirsan Oriol”. Uno de los guardias, el que parecía el jefe, hizo un gesto afirmativo a otro mas joven que desapareció al instante.
Al cabo de una corta pero tensa y silenciosa espera el joven guardia reapareció:
“Por orden del mismísimo Rey queda usted detenido y por deseo expreso de este mismo será usted presentado ante el”
“Detenido…” -se asustó el cartero- pero se complació con la idea de que al menos podría ver al Rey, iba a poder cumplir su cometido.
Recorrieron numerosos y largos pasillos hasta que llegaron ante una gran puerta con tenebrosos decorados tras los que, el cartero supuso, se encontrarían los aposentos del Rey.
El guardián jefe toco a la puerta y después de una breve pausa la abrió suavemente para anunciar al detenido: “Su Majestad aquí os traemos al detenido”

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