Capítulo séptimo – La revelación

“¿Veis todo esto? Míradlo bien, pues todo esto, desde su más oriental extremo hasta las grandes montañas del noroeste, pasando por las verdes llanuras del sudeste y los grandes mares del norte, os pertenece a vos.
Y no solo eso, hay algo más que debo confesarte y que te ayudará a comprender lo que te acabo de decir… Este reino ha sufrido el gobierno de crueles reyes durante mucho tiempo, demasiado; por eso un día la mujer del rey que gobernaba tomó una decisión: entregar a su única y recién nacida hija a uno de sus criados para que la llevara lejos, a un reino no tan corrompido por los vicios del hombre, y la criara en la justicia, el amor, y el bien; para que cuando fuera mayor regresara a su tierra, para poder reinar con sabiduría y llevar el reino hacia la felicidad.

Ese criado Majestad, era yo, y esa niña convertida en mujer sois vos.
Ahora debéis conocer los males de este reino para que cuando subáis al trono podáis arreglarlos. Mucha suerte… mi Reina.”

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