Capítulo quinto – Respuestas

Al Rey se le aceleró el corazón y exigió: “Entregadme ahora mismo esa carta”.
Tras un par de minutos de lectura el Rey lo comprendió todo: “Marchaos, quedáis libre de arresto. Y vosotros -dijo señalando a los guardias- permaneced fuera de la habitación hasta mi próxima llamada.” Y eso fue exactamente lo único que sucedió durante la siguiente semana hasta que pasados los siete días, en los que el Rey no paró de llorar, salió de palacio y fue por las calles de su reino parando ante cada puerta para arrodillarse y pedir perdón. A partir de ese mismo día se convirtió en el rey mas justo y benévolo que jamás se recordará, haciendo de su reino un lugar feliz donde todos podían vivir en paz.

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