Capítulo cuarto – Audiencia

El rey, echado en la cama, con un aspecto demoníaco y casi sin fuerzas hizo un gesto de aprobación, los guardas dejaron pasar al cartero pero no abandonaron la estancia. El cartero, sin pensárselo dos veces se acerco a la cama del rey y dijo:
“Mi señor ando en busca de un joven muchacho, quien me dio la carta me dijo que es un chico alegre lleno de paz y buenos sueños.”
“Os habéis equivocado de reino cartero, aquí no hay ningún chico como ese que describís, yo mismo me encargue de que eso fuera así.” -Tras un breve silencio continuó-
“Debéis estar cansado, ¿desde dónde vienes? y ¿cuánto duró tu viaje?”
“Vengo desde muy al norte Majestad, y partí hace ya casi diez años. Debería haber llegado mucho antes, pero mi caballo enfermó poco después de comenzar la travesía, por lo que he tenido que realizar casi todo el viaje a pie, enfrentándome a numerosos peligros que me han frenado en mi cometido.
El Rey le miró perplejo y una luz atravesó por un momento sus apagados ojos… “casi diez años…” -pensó-. De repente entró en uno de sus trances, y le vinieron a su mente recuerdos de su infancia y un nombre salio de su boca: “Mairla!!!” y volvió en si. El cartero asombrado dijo:
“Majestad, ¿habéis dicho Mairla? Ese es el nombre de mi reina ¿la conocíais?”.

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