¿De qué tienes miedo?

-Me he fijado que últimamente siempre andas diciendo por aquí y por allá lo feliz que estás. ¿Crees que alguien que realmente es feliz necesita decirlo a cada poco?

¿Qué escondes? ¿De que tienes miedo?

-¿Miedo?  Si crees que mi felicidad o el hecho de anunciarla tiene algo que ver con el miedo es que no has entendido absolutamente nada. Pero después de toda una vida juntos no creo que sea eso. Creo que el miedo viene de ti. Miedo de ver que va pasando el tiempo y que no avanzas ni un solo palmo en tu lucha contra mi. Miedo de ver que encuentro la alegría en la soledad y en la compañía, en la rutina planificada y en la adrenalina de lo imprevisible. Porque te vas dando cuenta de que mi ilusión no piensa dejarse vencer.

¿De verdad crees que escondo algo? ¿Precisamente yo, que pudiendo escribir en un cuaderno y alimentar después las llamas de una hoguera con sus hojas arrugadas. prefiero dejar plasmados mis pensamientos en esta puerta al mundo donde cualquiera podría juzgarlos? Y te digo más, ojalá te pasaras más a menudo por aquí a decirme lo mal que hago las cosas. Siempre he sentido especial simpatía por las personas que saben hacer una crítica dura y sin arrugarse.

Hace tiempo conocí a alguien al que se le daba muy bien. Era cocinero y se llamaba Carlos. Me parece que de un tiempo  a esta parte ha estado abriendo esta puerta. Me hice ilusiones pensando que me iba a dejar algún comentario diciéndome que qué clase de basura era esta que estaba tecleando, pero debe ser que le parece tan mala que no le merece la pena perder el tiempo en comentarlo y solo entra para reírse de mi.

Carlos, bandido, si lees esto ten compasión y échale una mano a este pobre idiota que no es capaz de hundirme ni conociendo mis mayores debilidades.

– ¿Me ha parecido oler cierta belicosidad en tu respuesta? Vaya, eso me gusta. Creo que no lo llevo tan mal como tú quieres hacerte creer.

¿Por qué te defiendes de unas acusaciones que, según tú, no son ciertas?  No es muy típico de ti, no sueles perder el tiempo con ello, prefieres emplearlo en ser “asquerosamente feliz”. Pero a mi no me das asco, me das lástima, de ver el mundo que te has creado para vivir.

Parece que te has dado un golpe en la cabeza y que por eso ves la “vie en rose”, pero el golpe de verdad te lo darás cuando explote esa burbuja dentro de la que estás y te rompas en pedazos contra el suelo. Quizá entonces recoja los restos de lo que quede de ti y lo reblandezca (un poco más si cabe) con tus propias lágrimas, para darte la forma de una mierda. Pero una distinta a la que eres ahora, a ver si con suerte nos sales un poco más listo.

-Aunque nos llamen alfareros sabes que tú y yo no tenemos mucha mano para eso. No te aconsejo que empieces ahora con esas artes. Aunque bueno, quién sabe, quizá me sorprenderías. En fin, si te hace ilusión, no seré yo quien te rompa un sueño. Así que vayámonos a dormir que además van siendo horas.

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