A cambio

La realidad palpable de una respiración deja de existir en la siguiente y mis dedos olvidan las sensaciones experimentadas con la facilidad con la que un niño se olvida de sus obligaciones.

Si no fuera así yo aún podría seguir

bañándome en la fuente en la que celebré aquel trofeo, cuando era un niño de 10 años, o agarrado de la mano de aquella niña cuando tenía 12, con solo cerrar los ojos.

En ese sentido el pasado podría haber pasado o no y yo haber elegido cualquier otra combinación posible con total aleatoriedad y las sensaciones seguirían siendo igual de irrecuperables. Que más hubiera dado, o mejor dicho, que más habrá dado.

A cambio cada día me ofrece la oportunidad de volver a volar con nuevas sensaciones. Y sin darme cuenta, ser capaz de seguir restando horas mentalmente al reloj. Horas que me llevan hasta lugares comunes, hasta momentos aparentemente sencillos ya, pero que puedo vivir con mayor ilusión que nunca, solo por ser consciente de que en realidad son únicos y que una vez que se vayan, lo harán para siempre.
mano a cambio

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