El día del amor

Aunque siempre he sido un gran defensor del amor en todas sus formas, para mi hoy es solo un día más del calendario. Nunca me he creído mucho las celebraciones en fechas señaladas, y no se el porqué pero mucho menos esta.

Supongo que al ser el amor una de los aspectos que guían mi vida, que me parezca un poco absurdo dedicarle una fecha en concreto no es tan ilógico como pueda parecer.

No negaré que alguna vez cuando he estado emparejado he hecho como tantos otros, regalando alguna rosa, preparando alguna cena especial o similares. Son cosas que están muy bien, pero que para mi pierden algo de valor en ese día porque en parte se hacen porque el mundo te dice que debes hacerlas.

Para mi, el día de San Valentín, representa la antítesis de lo que puede significar el amor verdadero. Tiene más de maquillar los problemas y los defectos, de aparentar que todo es perfecto, que de trabajar la confianza, la comprensión, la pasión,  la complicidad…

Y es que estamos viviendo el momento del auge del postureo, del que no importe lo que en realidad sea, sino lo que los demás vean, sean quienes sean los demás. Como si es tu pareja, o especialmente si es tu pareja, incluso si eres tú mismo. Porque aunque en el fondo sepas que no estás siendo tú mismo, que más da si te sirve para conseguir lo que quieres. Si has conseguido engañar a los demás ¿qué te impedirá engañarte a ti mismo? ¿no? Suerte amigo.

Se que ahora mismo estoy un poco fuera de juego, porque la tendencia es esa, y yo me niego a aparentar ser lo que no soy para conseguir nada, porque fuera lo que fuera perdería toda la gracia. Eso sumado a que, como escribí hace casi un año en pedazos del alma, me he dado cuenta que cada vez que me entrego a alguien una parte de mi ya nunca vuelve, hace que me cueste bastante más decidirme a entregarme.

Para nada he dejado de creer en el amor, para nada he dejado de creer en las parejas, en las personas, en la verdad. Solo creo que a lo mejor mi momento no es ahora, aunque soy consciente de que el momento puede ser cuando menos me lo espere.

Una parte de mi lo sueña y la otra… Digamos que está tumbada a la bartola, tomando el sol y disfrutando del calor en la piel deseando que nadie le moleste.

Bartola

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