Tras aquella ventana

Escuché tu silenciosa risa venir desde ninguna parte. Resultaba imposible decir si ninguna parte era justo detrás de mi, o a millones de años luz y en un universo paralelo. Pero esa silenciosa sonrisa me llamaba, a mi, sin decir mi nombre, sin decir nada. Me invitaba a buscarla, a seguirla como solo se puede seguir a una sonrisa y yo sonreí lo más silenciosamente que pude, a fin de llegar hasta ella.

Debí de formar suficiente silencio para que al menos tú lo pudieras escuchar, allá donde estuvieras, pues sentí como tu sonrisa vibraba y se materializaba delante de mi, después de que nuestras realidades se plegasen caprichosas una sobre la otra.

Tras aquella ventana nos vimos sonreír, y sonreímos juntos. Y aquel día aprendí a proyectar sonrisas más lejos de lo que cualquier sombra podría proyectarse. Por eso, no dejes de sonreír, tú, que me enseñaste.

Y siempre que el olvido te amenace con su abismo, escucha el silencio en todas sus dimensiones. Desde alguna de ellas vendrá una sonrisa a rescatarte y recordarás que fuiste tú quien me enseñaste.

Para todos aquellos que me enseñaron a sonreír de verdad        “Audrey-Tautou

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