No podría jurarlo

Yo solamente estaba allí sentado, con la mirada perdida, tratando de hablar con el mundo mientras mentalmente cantaba en bucle alguna de mis canciones de pensar, no sabría decir exactamente cual.

No necesitaba nada más. Pero pasó lo que pasa siempre que no necesitas nada más, aparece algo que rompe tu equilibro. Esta vez llegó ella:

-Disculpe caballero, lleva ya un largo rato ahí sentado sin decir nada… Lo siento pero si no quiere consumir nada me temo que tendrá que marcharse.

Vale, es verdad que estaba en un bar y que ella era la camarera, pero ¿no podría haberme dejado seguir en mi mundo tranquilo? Hice un esfuerzo por volver al mundo real, enfoqué la mirada y la fijé en ella y mientras soltaba un suspiro casi imperceptible respondí:

-Sírvame un pacharán, con poco hielo por favor.

En seguida vino a dejarme el vaso en la mesa y se volvió a marchar, alejándose de mi, dejándome de nuevo solo, pero no ya tranquilo.

Así que me concentré en ese color especial del pacharán. Moví el vaso en círculos lentamente mientras veía girar los hielos y finalmente di un pequeño trago para disfrutar después del regusto entre dulce y amargo y del recuerdo de ese aroma intenso en mi paladar.

No fui capaz de volver a encontrar tras la ventana aquel punto vacío en el horizonte que me había absorbido hasta llevarme a otra dimensión, así que me puse a escribir en mi mente algo sobre una historia de dos.

Puede que fuera algo así:

Tu mirada quiso mirarme,
mientras tus ojos se cerraban,
y cuando los quisiste abrir otra vez,
para verme, yo ya no estaba.

Una lágrima rodó a lo largo de tu cara.
Tú querías soñar conmigo pero no dijiste nada.
Y yo me marche, llorando, sin que tú lo notaras,
a soñar que me entregabas una última mirada.

O puede que no, porque no tuve donde anotarlo y mis recuerdos de ese día están llenos de la voz de aquella camarera, de sus movimientos al andar, de su mano dejando el vaso en la mesa, delante de mi y de su espalda alejándose.

Después solo el color y el olor del pacharán y la imagen del último trago.

Aunque se que lo hice, ni siquiera recuerdo haber pagado, pero podría jurar que no fue ella quien me cobró. Tampoco recuerdo mojarme al salir del bar, aunque se que llovía. Ni podría jurar si cuando volví la cabeza buscándola a ella,  a través del cristal espejado pude ver su mano apoyada al otro lado y sus ojos vidriosos tratando de grabar cada detalle de mi antes de que me girase y me perdiera entre las calles, o si solamente lo imaginé.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s