¿Y… luego?

Esta reunión no ha estado del todo mal. Me ha servido para encontrarme con algunas personas que tenía pendiente desde hacía tiempo y mantener conversaciones interesantes. También para conocer a alguna que otra persona nueva que podría valer la pena volver a ver algún día, pero empiezo a sentir que los mejores momentos de hoy ya han acabado y quizá lo mejor sea ir retirándome. Vaya, alguien acaba de contar un chiste, creo que me toca sonreír.

Mientras yo sonrío, tú entras por la puerta de la sala. Mi sonrisa decide entonces quedarse un poco más y yo con ella.

Sigo hablando con los demás, mientras tú saludas disculpándote por llegar tarde e intercambias formulas de cortesía y alguna que otra anécdota, hasta que los giros de palabras terminan dando contigo y conmigo en la misma conversación. Una conversación en la que al final solo estamos tú y yo, hablando sobre los últimos viajes de cada uno. Hasta que sin venir mucho a cuento, pero sin poder haber un momento mejor, un pequeño impulso me lleva a ofrecerte mi mano como para empezar un baile de salón, solo que aquí no está sonando ninguna canción:

-Creo que ahora mismo sería un buen momento para que agarrases mi mano…

-¿Y… luego? ¿Acaso pretendes llevarme a recorrer el mundo cogida de tu mano? -Preguntas tú entre divertida y escéptica-.

-¿A quién le importa qué pase luego? Puede que ni siquiera haya un luego.

Mi respuesta no termina de convencerte y me dejas con el brazo en esa absurda posición, mientras tu mirada se pierde en la pared sin fijarse en ningún punto en concreto. Creo adivinar que estás imaginando el fin del mundo y yo me pierdo en tus ojos un instante.

Y es entonces cuando siento el roce de tus dedos sobre los míos, y permanecemos así durante unos segundos. Después, mirándome a los ojos das un pequeño paso hacia mi y me recriminas:

– ¿Lo ves? Al final sí que hubo un luego. ¿Y qué hacemos ahora?

-Pues vaya, parece que tienes razón, lamentablemente no se ha terminado el mundo, y seguimos aquí cogidos de la mano. Cualquiera que nos mire pensará que somos idiotas, así que tendremos que solucionarlo de alguna forma. Siendo realistas no creo que podamos recorrer el mundo entero, pero conozco una ruta muy entretenida por todos los rincones de mi casa.

-Suena lo suficientemente interesante como para escapar de aquí. Llévame a ver esa ruta.-Me agarras del brazo, tiras de mi y nos marchamos sin decir adiós hacia la salida del edificio -.

Allí la reunión sigue sin nosotros durante un rato más, sin que nadie note nuestra ausencia, llena de conversaciones intrascendentes sobre anécdotas vacías y lugares mucho menos interesantes que los rincones de mi casa en el día de hoy.

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