Solo es que…

El año empezó de una forma inesperada.

Llevaba unas horas despierto, pero aún estaba en la cama, con la persiana bajada, la puerta cerrada y la mente girando una y otra vez sobre las mismas ideas.

Se que pienso demasiado, es una de las cosas que he aprendido de mi mismo en 2015. También he aprendido quepensar demasiado es una de las pocas cosas que me salen solas, todo lo demás lo tengo que pensar, y demasiado. No puedo evitarlo. O tal vez sí. Pero para que engañarnos, me gusta divagar. En parte creo que se debe a mi pasado como pequeño ajedrecista, que me lleva a pensar en las cien mil consecuencias y posibilidades que puede abrir cada movimiento que realizo en la vida, al estilo de la película de Mr. Nobody, y que hace que tenga la sensación de vivir en un deja vu casi permanente.

Por eso las sorpresas y los cambios de guión me suelen generar una sensación gratificante, casi como milagrosa.

Pero esta vez no se lo que sentí. Por un momento en mi vida mi mente se quedó vacía por completo cuando el silencio quedó roto por la vibración del teléfono móvil.

Han pasado tantos años, que me ha dado tiempo a perder algún que otro teléfono y a cambiar de compañía un par de veces, por lo que algunos números ya no los tengo registrados. Pero al mirar la pantalla supe al instante que era ella. Nunca podría olvidar esos nueve dígitos. Uno detrás de otro como las palabras ordenadas de un rezo antiguo.

Todo lo que estaba pensando antes de esa llamada dejó de importarme y se desvaneció.

Descolgué, ni muy despacio ni muy rápido, pues el tiempo había dejado de existir, y respondí con un simple “¿sí?” como si hablásemos varias veces al día y esa llamada fuera de lo más normal. Y la verdad es que en cuanto escuché su voz fue como si nunca se hubiese ido.

Mi mente volvió a la acción y en medio segundo imaginé miles de posibilidades por las que podría querer llamarme y millones  de posibles palabras que podría o no llegar a pronunciar.

Al instante mis dudas quedaron resueltas: “Hola, solo llamaba para felicitarte el año y saber como estás”

Vaya, esa sí que es una buena pregunta, pensé mientras permanecía en silencio. Un silencio extraño en el que temí que se escucharan los latidos de mi corazón acelerado y que rompí con un escueto “bien”.

– No se si debería haber llamado, después de tanto tiempo, solo es que…

-No, está bien. Solo es que… Es eso, precisamente. Ha pasado tanto tiempo…

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