La piedra del claro

Tras varios días andando por la nada más absoluta, el páramo más puro, Noel estaba cansado, hambriento y sediento.

Estaba tan cansado… Casi sin energía, con las delgadas piernas a punto de ceder y los sentidos embotados. Pero no podía parar o tal vez ya no pudiera volver a arrancar, así que siguió caminando, con la cabeza gacha y los ojos cerrados, luchando contra su propio cuerpo.

No podía saber durante cuanto tiempo siguió caminando, solamente que cuando abrió los ojos nuevamente tras tropezar con una piedra, estaba rodeado de árboles, en el centro de un claro, mirando un cielo rosado. Era tarde, pero no de noche.

Volvió a cerrar los ojos, esta vez solo un instante, antes de mirar a su alrededor. No podía dar crédito a lo que vio entonces. A la misma distancia, en puntos diferentes del claro, había tres manantiales <<¡tres!>> en los que podría por fin saciar su sed.

Se levantó y comenzó a avanzar, hacia ninguno en concreto, y hacia los tres a la vez. Cuando estuvo a solo unos pasos, se dio cuenta de que delante de cada uno de ellos había una persona, que le miraba. Hablo con cada uno de ellos y  todas las conversaciones tuvieron lugar al mismo tiempo, en su propia mente:

La voz segura de una mujer adulta, quizá mayor,  le saludó:

-Hola Noel, bienvenido a la fuente de los recuerdos.

-¿Me permites que beba? Estoy tan sediento…

-Por supuesto que sí. -Noel estaba a punto de abalanzarse sobre el agua cuando percibió que el la mujer aún no se había apartado y seguía hablando, por lo que reprimió su impulso- ¿Sabes? No somos sino recuerdos de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que nos sucedió.

¿De que está hablando? -empezó pensando Noel- Pero durante un momento su mente se aparto de la fuente y se concentro en las palabras que la mujer decía.

– Recuerda quién fuiste -continuó-, qué te pasó y qué aprendiste. Cuando olvidas algo, es casi como si nunca hubiera pasado. Como si no hubieras vivido ese momento, como si te borraras a ti mismo. Cada vez que olvidas algo vas haciendo tu vida más corta y tu persona más pequeña -Noel sentía como le iba envolviendo con las palabras-. Guarda bien los recuerdos, es mejor si los ordenas de vez en cuando (incluso puedes hacer un inventario), te aconsejo que los compartas y que los cuides con mimo, pues cuando pase el tiempo, tal vez puedas volver a ellos para comprender tu presente.

-Así lo haré.

-Y no olvides repasarlos a menudo e intenta extraer nuevamente los conocimientos que adquiriste cuando los viviste, y buscar además los que no fuiste capaz de comprender en aquel momento. Puedes alimentarte de tus recuerdos y alimentarlos a ellos de ti, pues al final de tu vida serán lo único que te quede y podrás revivir, de entre todos, los momentos más felices.

Si bebes de la fuente del recuerdo -¡la fuente! Noel ya casi la había olvidado- en ella encontrarás experiencia, templanza, sabiduría… Las virtudes más altas para el buen saber hacer.

Él solo podía pensar que tenía toda la razón, estaba totalmente convencido de que bebería en la fuente de los recuerdos, así que asintió con un leve gesto de cabeza.

-Huye a menudo de la fuente de los sueños pues te atonta la cabeza y acabarás como mi pobre amiga la lechera, y bebe solo un trago de la fuente de las decisiones por cada 100 que tomes del agua de los recuerdos, o de lo contrario podrás ocasionar grandes males -concluyó-.

Mientras tanto también había hablado, en las otras dos fuentes con las otras dos personas.

De una de ellas le llegó una voz alegre de un chico adolescente:

-Hola Noel, bienvenido a la fuente de los sueños.

-¿Me permites que beba? Estoy tan sediento…

-Por supuesto que sí. -Noel estaba a punto de abalanzarse sobre el agua cuando percibió que el chico aún no se había apartado y seguía hablando, por lo que reprimió su impulso- ¿Sabes? Los hombres están formados por sus sueños. No somos sino la energía del impulso de nuestros sueños.

¿De que está hablando? -empezó pensando Noel- Pero durante un momento su mente se aparto de la fuente y se concentro en las palabras que el chico decía.

-Los sueños motivan e inspiran las cosas más maravillosas que el ser humano podría crear. Los sueños nos impulsan a conseguir lo que de verdad queremos, y nos dan la magia que necesitamos para ser felices. ¿Imaginas una persona sin sueños?

-… -Noel estaba tan hechizado por su palabras que ni siquiera pudo contestar.

-Sin ellos no sabría hacía donde ir, ni que es lo que realmente quiere hacer. Sería como… una fría piedra. Sueña, amigo. Sueña pues aunque solo llegue a vivir en tu mente, si la has soñado, esa idea ya habrá existido.

– Así lo haré

-Algunos de los que más fuerte sueñan -prosiguió- consiguen incluso darle continuidad a sus sueños en su propia mente, noche tras noche. ¿Acaso es no es eso tan real como la misma vida? ¿No es, tal vez, la vida misma un sueño? Sueña entonces, y estarás creando vida.

Si bebes de la fuente de los sueños -¡la fuente! Noel ya casi la había olvidado- encontrarás deseo, pasión, ilusión… Todo lo que nos lleva a nuestra máxima expresión.

Él solo podía pensar que tenía toda la razón, estaba totalmente convencido de que bebería en la fuente de los sueños, así que asintió con un leve gesto de cabeza.

-Intenta evitar la fuente de los recuerdos,pues estos representan lo muerto frente a la promesa de la vida de los sueños. Toma un trago de la fuente de las decisiones solamente cuando quieras dar forma a uno de tus sueños, pero no abuses, pues cada una de tus decisiones puede destrozar los sueños de mucha gente -concluyó-.

De la otra de las fuentes, había escuchado una voz con aplomo que correspondía a un hombre adulto:

-Hola Noel, bienvenido a la fuente de las decisiones.

-¿Me permites que beba? Estoy tan sediento…

-Por supuesto que sí. -Noel estaba a punto de abalanzarse sobre el agua cuando percibió que el hombre aún no se había apartado y seguía hablando, por lo que reprimió su impulso- ¿Sabes? Tus decisiones te definen. Cuando decides le estás dando sentido a tu existencia, estás siendo tú mismo, y nadie más, y a la vez tu ser se modifica con cada decisión que tomas. No somos sino la suma de todas ellas.

¿De que está hablando? -empezó pensando Noel- Pero durante un momento su mente se aparto de la fuente y se concentro en las palabras que el hombre decía.

-Cuantas más decisiones tomas más se perfila tu personalidad. No importa tanto si te equivocas o aciertas, sino el hecho de decidir en si mismo, porque al fin y al cabo es tu instinto el que te impulsa a tomar un camino u otro, por lo que al hacerlo estás expresando tu esencia más pura, estás celebrando tu presencia en el universo.

-Es cierto… -no pensaba siquiera que existiera otra opinión posible-.

-Una vida sin decisiones sería simplemente absurda. Daría igual que aquí estuvieras tú, yo, una cabra, o una piedra. Todo sería lo mismo. Decide a cada instante que sea posible.

– Así lo haré

-Bebe de la fuente de la decisión -¡la fuente! Noel ya casi la había olvidado- y en ella hallarás la fuerza, la determinación, el coraje.. La actitud necesaria para seguir adelante, para sobrevivir, sin rendirte

Él solo podía pensar que tenía toda la razón, estaba totalmente convencido de que bebería en la fuente de las decisiones, así que asintió con un leve gesto de cabeza-.

-Tanto la fuente del recuerdo como la de los sueños te paralizarán y te atrofiarán el cuerpo. Es mejor que no decidas tomar su agua a menudo.

Todos los consejos terminaron al unísono, y tras ellos, el hombre, el niño y la mujer se deshicieron en el aire, en millones de partículas que se fueron alejando en el cielo de una noche que se fue llenando de estrellas.

Noel se encontraba de nuevo en el centro del claro, sentado en la piedra sobre la que había tropezado, a la misma distancia exacta de cada una de las fuentes. Ya no tenía sed, ni hambre, ni tampoco estaba cansado. Los consejos de los tres le rebotaban en la mente una y otra vez, entremezclando las palabras. Quería ser sabio, fuerte y apasionado. Pero tenía miedo de vivir en sus ensoñaciones, anclado en el pasado, o de actuar por actuar sin tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones.

Así que no bebió de la fuente de los recuerdos, y no recordó.

No bebió de la fuente de los sueños, y no soñó.

Tampoco bebió de la fuente de las decisiones y no decidió.

Simplemente se quedó ahí, sin moverse. Hasta que se transformo en parte de la piedra sobre la que estaba sentado. Esperando que, tal vez, con suerte, alguien vivo le rozase algún día al tropezar con él.


[youtube https://www.youtube.com/watch?v=mpgyTl8yqbw]

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