Pensamientos (in?)trascendentes II

Llevo unos cuantos días dudando acerca de escribir sobre este tema en concreto. Como argumentos en contra, sobretodo que desde el principio cuando cree este espacio tuve muy claro que no quería politizarlo bajo ningún concepto y además del ya comentado tema sobre mi tiempo y a lo que prefiero dedicarlo. Por otro lado y como argumentos a favor, que esta página fue pensada como un lugar en el que plasmar y guardar mis sentimientos y mis pensamientos, y poder volver a ellos y encontrar el rumbo cuando lo pierdo, o directamente para no perderlo o simplemente para reflexionar, y sin duda alguna esto es un sentimiento muy fuerte, un sentimiento político, si, pero un sentimiento al fin y al cabo. También me ha motivado a hacerlo las manifestación de descontento que se está produciendo día tras día en la Puerta del Sol, algo que hace una semana me hubiera parecido una utopía, pero que me han certificado que no estoy loco, que no soy un bicho raro, que hay mucha gente que piensa y siente, si no lo mismo que yo, si algo muy parecido. Y por último y no menos importante, el hecho de que esta página la creé para mi mismo, un propio espacio personal en el que refugiarme en ciertas ocasiones, en el cual no pienso censurarme.

Dicho esto y dado que yo estoy escribiendo estas palabras, y tú (si es que hay alguien) las estás leyendo es obvio que han podido más los motivos para escribir, así que allá voy:

Como ya he dicho antes, tengo unos sentimientos muy fuertes que se vienen fraguando desde hace tiempo, pero que empezaron a aflorar más fuertemente cuando empezó recientemente la campaña. Según las calles se llenaban de propaganda electoral yo me llenaba primero de dudas, de frustración después, y por último de rabia. Dudas porque no sabía a quién votar, no me sentía representado por ninguna de las opciones principales, y no quería darle mi apoyo a ninguna de ellas. Frustración porque no quería votar, solo tengo que cruzar una calle para ir a votar, la puerta del colegio se encuentra a menos de 10 metros de la puerta de mi casa, y aún así ningún partido merecía suficientemente la pena como para andar esos 10 metros. Pero si no votaba, por la manera en que se estructura el sistema electoral, significaba que beneficiaría a los partidos mayoritarios, a los cuales no quería dar mi apoyo. Por último se apodero de mi la rabia, rabia contra el sistema que me obliga a participar, a votar, legitimándolo así (aunque no sienta que me representa), si no quería beneficiar a los partidos que tanta indignación despertaban en mi.

No voy a entrar en si tal partido o tal otro tiene la culpa de la situación actual, tal vez tal partido podría haber hecho esto o lo otro, tal vez tal otro podría haber realizado tal acción o tal otra, pero como mucho habrían conseguido suavizarla, el problema de fondo seguiría ahí, y para lo único que habría servido sería para que lo dejáramos estar sin más, y dentro de un período de tiempo más o menos largo se hubiera repetido la situación. El problema es estructural, y requiere grandes reformas si queremos evitar que se repita.

Hace unos días me encontré con una antigua profesora, vecina, y amiga mía, nos paramos a charlar, como siempre, no durante mucho rato, pero si lo suficiente para ponernos un poco al día e intercambiar un par de opiniones. Por casualidad llevaba el libro que se estaba leyendo en la mano, así que no recuerdo exactamente como terminamos hablando sobre el: “¡Indignaos!” rezaba el título, y ella me comentó que era lo que deberíamos de hacer, sobre todo los más jóvenes, porque los demás, ya tenían el futuro más o menos arreglado, pero nosotros… ¡Ay nosotros!.
Yo afirme que así debería ser y nos despedimos, pero por dentro me preguntaba a mi mismo: ¿cómo hacerlo si nadie grita, si nadie dice nada? ¿cómo hacerlo si a la gran mayoría de la gente le preocupa más que no gane tal o cual partido, que lo que vaya a hacer el partido que gane en si? ¿cómo hacerlo?

Y como llovida del cielo llegó la respuesta: 15M, la sociedad me ha sorprendido gratamente, demostrándome que no es tan pasiva como yo pensaba, y que aunque sea difícil, aunque finalmente no consigamos nada, por lo menos lo vamos a intentar.

Por cierto, finalmente también encontré una respuesta a mi dilema con las urnas: “CenB”(ciudadanos en blanco). Es un “no partido”, es decir, se presenta a las elecciones, pero no tiene programa político, lo único por lo que lucha es por un voto en blanco computable, algo que no es fácil de conseguir, pero aunque no lo consigan en la teoría, en la práctica si lo harán. Y me explico, es una opción para los ciudadanos que no quieren votar o que quieren votar en blanco a modo de protesta, sin tener por ello que favorecer a los partidos mayoritarios. De este modo en el caso de obtener algún escaño, lo dejarían libre si fuera posible, o en su defecto se abstendrían en las votaciones.

Un modo de protesta real contra el sistema, yo doy por hecho que no conseguirán muchos votos, y que las elecciones las ganarán los de siempre, pero mi voto al menos no será uno más de los que sirven para mantener las cosas como hasta ahora.

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