¿Estamos dispuestos a renunciar..?

Hoy voy a tratar una afirmación que he extraído del libro que me ocupa actualmente: Nacionalismos. El Laberinto de la Identidad. de Xavier Ruber de Ventós. La afirmación es la siguiente:

“Nosotros, en efecto, quiere casi siempre decir no-a-otros

Y me hace plantearme si es cierto y, en caso de serlo, en que grado, en que ámbitos y con que consecuencias.

En primer lugar, parece que esta claro, que cuando tienes varias opciones, y eliges una, de una forma más o menos directa, más implícita o explícita, estás declinando las demás alternativas. Por lo tanto, podríamos decir, que desde el primer momento en que elegimos a alguien para conformar una unidad común con nuestra propia persona, ya estamos negándonos, en mayor o menor medida, a formar esa unidad con otras personas diferentes.

Pero, podemos dar otra vuelta de tuerca más, y preguntarnos, qué ocurre cuando eliges a alguien, para formar esa unidad común.
Indudablemente, se crean unos vínculos. Unos vínculos, si bien es cierto, que dependiendo de la naturaleza, del carácter y del ámbito de esa unión, serán más o menos fuertes, comprometidos, personales.. Esa unión y esos vínculos, hacen que la indiferencia que en principio podríamos sentir por el resto de las personas que no conforman junto a nosotros esa unión, se transforme en desconfianza incluso en un sentimiento de animadversión hacia ellos, al verlos como un peligro potencial para el interés de esa unión que hemos establecido.

Este sentimiento se puede ver traducido por ejemplo, en competencia desleal en el trabajo, en guerras entre países, en celos en el amor, en peleas en el colegio..

Podría decirse entonces, que la capacidad del hombre para unirse a otras personas, con unos lazos determinados, son los que más tarde le pueden llevar a enfrentarse a las terceras personas que no forman parte de esa unión.

¿Cuál sería la solución entonces? ¿Deberíamos plantearnos renunciar a esos sentimientos de pertenencia a un grupo, a una empresa, a una pareja, a un equipo, a un país…?

Yo personalmente, y creo que como la mayoría de la gente, no estoy dispuesto a hacerlo, necesito, como ser humano, sentirme parte de esas uniones, con un grupo de amigos, con un territorio, con una nación, y por supuesto, con una pareja, renunciando, en la medida de lo necesario en cada caso, a formar otras uniones similares, pero intentando en todo caso, saber controlar las pulsiones que puedan llevarme a tener una conducta agresiva respecto a terceras personas.

En la práctica, está claro, no resulta todo tan sencillo, pues en vez de usar la lógica para ahuyentar esas pulsiones, lo que solemos hacer es todo lo contrario, utilizar nuestra lógica para justificarlas, convirtiendo así los problemas, en por ejemplo, cuestiones de honor, en las que llegamos a justificar con planteamientos lógicos comportamientos completamente ilógicos.

Deberemos seguir aprendiendo poco a poco..

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