Historia de una noche en vela

Esta es la historia de un chico, que cada tarde, desde que tenía doce años, no faltaba a un encuentro muy especial: su cita con el mar.
Surfeaba, cada tarde, todo lo que podía, intentando mejorar al máximo, intentando aguantar al máximo, intentando alargar lo más que pudiera cada ola. Cada tarde las olas eran diferentes, pero el siempre acababa igual: cansado en la arena por el esfuerzo realizado de tanto bracear, de tanto caer, de tanto levantarse…
No había ola lo suficientemente grande, ni larga, ni fuerte, que consiguiese dejarle completamente satisfecho, que consiguiese hacerle sentir pleno. Y así pasaba tarde tras tarde mientras pasaban los años…

Una tarde, el mar estaba bastante más animado de lo habitual, y traía olas grandes, fuertes y divertidas, que siempre terminaban por hacerle caer, pero que mientras se encontraba en la cresta le creaban una sensación de bienestar y de alegría. Cuando acabo la tarde estaba muy cansado, pero con más ganas que nunca de volver a hacer surf al día siguiente. Así que, tal cual, al día siguiente, volvió a acudir al mismo lugar, y las olas que venían eran, si cabe, aun mas fuertes, aunque también más inestables, pero le hacían sentir vértigo y eso le gustaba.

Estaba tan concentrado cogiendo una y otra ola, que no se dio cuenta de que algo increíble estaba a punto de pasar por delante de él: una ola de trece metros de altura venía hacia donde el se encontraba, era la ola perfecta, fuerte, dinámica estable, divertida, emocionante y lo más alucinante e increíble de todo, no se dirigía hacia la orilla, sino que iba de un lado a otro de la costa.

Cuando quiso darse cuenta la ola estaba casi encima de él, así que dudo por un instante si intentaría cogerla, o si la dejaría pasar, ya que de todas formas aquella tarde había olas muy buenas.. Pero hizo caso a sus instintos, a lo que le dictaba el corazón. Sabía que esa era una oportunidad única, e irrepetible, así que dejo pasar las demás olas y se concentró en esa única ola, en ese momento, solo estaban la ola y él, tenía que hacer todo lo posible por cogerla, braceo todo lo fuerte que pudo para colocarse en el mejor sitio posible, pero aún así estaba muy descolocado, si hubiera dejado de mirar las otras olas un instante antes y se hubiese dado cuenta de que se acercaba la gran ola…

Siguió braceando, siguió braceando, siguió braceando… La ola se acercaba, estaba apunto de llegar a él y el no estaba del todo preparado, un instante más y.. ¡Consiguió cogerla! ¡Si! Mantuvo bien el equilibrio y se metió de lleno en la ola, se fundió con ella y fueron solo uno, se sintió más vivo que nunca, mas pleno y mas feliz de lo que nunca habría soñado, se sentía el ser mas afortunado de todo el universo, mientras avanzaba por la costa con la ola.

Disfrutaba como nunca, y entonces comprendió, que esa ola podría durar años y años, no perdía fuerza, no rompía, y siempre seguía hacia delante, y el junto con ella.

Pasaron días y días, y avanzaron kilómetros y kilómetros de costa, podría pasarse así la vida entera, surfeando aquella ola perfecta. La ola tenía tanta fuerza, que el fue bajando la guardia seguro de que la misma le mantendría en pie. Pero un día el chico se distrajo en sus pensamientos y abandonó mentalmente la ola por un instante, suficiente para perder el equilibrio y hacer girar la tabla bruscamente, perdiendo su posición privilegiada, aunque por un puro milagro consiguió seguir en la ola.

Intento volver a ganar su posición, pero no le puso el empeño suficiente, ya me colocará la misma ola en el sitio adecuado pensó.. Pero la ola, desde aquel día, no volvió a empujar con la misma fuerza, porque él, con su movimiento, había modificado el flujo natural de las aguas. Al principio apenas si se notaba, pero poco a poco la ola empezó a tener pequeñas fisuras, y un día, la ola se partió en dos, justo en el lugar exacto en el que el estaba, así que se cayó de la tabla…

En cuanto se dio cuenta de lo que había pasado subió otra vez a su tabla, y braceó con más fuerzas de las que nunca pensó que podría tener, pero aún así no alcanzaba la ola. Braceó y braceó día y noche durante mucho tiempo, y en un par de ocasiones estuvo apunto de volver a alcanzarla, ya casi la rozaba, tan cerca..
Pero le dolía tanto el cuerpo y tenía tantas heridas, que se le rompieron los huesos.. Siguió intentándolo a pesar de que sabía que ya era imposible volver a alcanzarla, pero no podía rendirse, hasta que un día estaba ya tan lejos, que ni siquiera alcanzaba a verla y paro de bracear y rompió a llorar. Maldijo al mar, maldijo a su tabla, se maldijo a si mismo, maldijo su falta de concentración, en su desesperación maldijo hasta a la ola, maldijo hasta que ya no le quedó mas voz, lloro hasta que ya no le quedaron mas lágrimas.

Había recorrido tantos kilómetros unido a esa ola, siendo los dos un solo ser, una sola vida…
Y podrían haber sido tantos más…

Regreso entonces a su casa. Debería de estar contento, había cogido una ola mas perfecta de lo que jamás podría haber soñado y durante tanto tiempo… Había aprendido tantas cosas mientras que estaba con ella…
Ahora podría coger mejor cualquier otra ola… Pero eso ahora ya no le importaba, había dejado pasar la mejor ola de su vida. Su vida sin el surf no tenía sentido, y sin embargo, ya no tenía sentido seguir surfeando.

Sabía que la ola, su gran ola, la gran ola de su vida, ya no volvería a pasar por allí.
Pasaron cuarenta años, el chico envejeció, cambió por fuera mas que por dentro, pero cada tarde volvía a la playa con su tabla, para mirar al mar, sentado en la arena, esperando ver venir una ola que ya nunca volvería.

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