El cubo de rubik

Cuando cojes el cubo de rubik, tan claro, tan sencillo, tan simple, y te entra la curiosidad, y te pones a probar: mueves una pieza, y otra, con un poco de miedo, pero te vas quedando en tu cabeza con los movimientos. Así que, te vas creciendo, y sigues moviendo más y más piezas seguro de ti mismo.

Hasta que llega un momento en el que te has perdido, ya no sabes volver al punto inicial, !Está todo tan revuelto!

Le das vueltas y vueltas al maldito cubo, sin volver a mover ni una sola pieza, por miedo a seguir enredándolo todo aún más. En ese momento toda tu seguridad y tu confianza se han esfumado por completo dejando paso a la locura y la cabezonería.

Por suerte, y tras un largo rato de romperte la cabeza hasta desesperar y en el que llegaste a pensar si alguna vez el cubo estuvo de verdad ordenado, en un momento de inspiración, con una visión mucho más periférica y mucho menos obcecada que al principio, consigues encontrar el camino para volver a poner las piezas en su sitio, y volver a verlo todo fácil, claro, sencillo, ¿mucho menos artístico y bonito? quizás pero mucho más lógico y sincero.

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