Divídeme en dos partes y coge una de ellas. Te pertenece.
¿Pero…? ¡Espera! ¿Ya te vas? Adiós entonces pero… Vuelve después,
pues también es de tu propiedad la mitad sobrante.
Si, así es, soy todo tuyo, mi vida, mi reina, mi amante.
Sino tú, tu corazón al menos ya lo sabía mucho antes de que mis labios lo dijeran, pues mi mente lo grita como loca a todas partes, a todas horas, con la intención que mi mirada lo transmita, pero se sentía demasiado sola y fue mi boca a acompañarla, para llegar a tus oidos, y ser tú toda consciente de que son tuyos mis suspiros y deseos, solo tuyos, y de ninguna otra.